¿Quo vadis Catalonia?

publicado a la‎(s)‎ 14 oct. 2013 3:55 por Cilus Ciudadanos Libres Unidos

por Félix de la Fuente

Viernes, 11 de octubre de 2013


Que el 50% de los catalanes siga con su ensoñación de una Cataluña miembro de la UE es fácil de entender, pues el aparato mediático del independentismo funciona a toda marcha, bien engrasado con las subvenciones del señor Mas, que, a su vez, son subvenciones del señor Rajoy y de todos los españoles (sí, tuyas y mías). Sin embargo, alguien parece que está preparando su propia retirada.


Que La Vanguardia, el diario oficial del independentismo, se atreva a publicar un artículo como el de Joaquín Muns en la parte de Dinero, del pasado 29 de septiembre, o que El País publique el mismo día una entrevista a Francesc Granell, laureado con la Cruz de Sant Jordi y persona que, según él mismo, tiene confianza en Mas; y que ambos artículos expongan con una claridad meridiana unos argumentos demoledores, tanto desde el punto de vista jurídico como económico, contra el independentismo de Mas, es algo que huele a cambio de actitud. Pero, cambio... ¿hacia dónde?


Hasta los mismos ciegos empiezan a ver que el independentismo es inviable, pero los fanáticos no lo verán. Lo verán Mas y Junqueras, pero no las víctimas de ese adoctrinamiento pseudoreligioso y victimista a que ha estado sometido durante décadas el pueblo catalán. El fanatismo religioso es peligroso, pero mucho más peligrosa es esa mezcla explosiva del poble català con la Moreneta.


Ni vivimos en Cataluña en una auténtica democracia, ni un referendo o consulta sería democrático en la circunstancias actuales


No se trata, por tanto, de argumentos. Contra el fanatismo no sirve la lógica. ¿No hemos oído hasta la saciedad que una Cataluña independiente quedaría automáticamente fuera de la UE? ¿No lo ha dicho varias veces el mismo presidente de la Comisión Europea? Y, sin embargo, el 50% de los catalanes sigue pensando que Cataluña no saldría de la UE. No voy a insistir yo en esta vía, y lo hago por tres razones: la primera, porque, como he dicho, contra el fanatismo no sirve la lógica; la segunda, porque he sido uno de los primeros que se atrevió a decirlo públicamente y no quiero seguir perdiendo el tiempo. Hace ya casi cinco años. En el sancta sanctórum del independentismo catalán, es decir en la sede de Òmnium Cultural, le dije públicamente al eurodiputado Ramon Tremosa (CiU), con motivo de la campaña de las elecciones europeas, que estaba engañando conscientemente a la gente, porque él sabía que en los Tratados está clarísimo -kristallklar- que, si Cataluña se independizaba, quedaría fuera de la UE y tendría que solicitar después el ingreso, y que en el hipotético caso de que tuviéramos un Zapatero que apoyara el ingreso de Cataluña, ni Francia y ni otros países lo iban a apoyar. Mis antiguos compañeros de Ciudadanos pueden dar fe de esto.


Pero la principal razón por la que pienso que no conviene insistir en los desastres económico y político que supondría la independencia para todos los catalanes -y que es una realidad evidente- es porque, en el fondo, no se trata de independencia sí o independencia no, sino de falta de democracia, sí o sí. Ni vivimos en Cataluña en una auténtica democracia -no se respetan algunos derechos fundamentales del 50% de la población-, ni un referendo o consulta sería democrático en la circunstancias actuales, después de 30 años de adoctrinamiento político y con una prensa y medios de comunicación subvencionados.


¿Tenemos las más mínimas garantías de que tras la independencia mejoraría la calidad democrática de Cataluña? ¿Podemos fiarnos de las promesas paradisíacas que nos hacen unos políticos que no respetan los derechos no ya de unas minorías sino de unas mayorías? Negras las perspectivas, en todo caso. Muy probablemente se buscará una solución descafeinada, porque Mas no va a intentar suicidarse por segunda vez. La independencia quedará aparcada, pero el culpable será de nuevo el Gobierno de España, gobierne quien gobierne, que la ha impedido. De esta forma, podrán seguir alimentando el victimismo y seguir gobernando. Rajoy, o quien gobierne, se dará por satisfecho porque el independentismo ha fracasado y él seguirá haciendo mutis por el foro. Se habrá evitado la catástrofe, pero ¿habrá mejorado en algún punto la democracia en Cataluña? ¿Se habrá resuelto alguno de los muchos problemas que tenemos? El problema de la falta de democracia en Cataluña quedará todavía por resolver. ¿Hasta cuándo?


Publicado en Crónica Global


Félix de la Fuente es Secretario de Acción Política de Ciudadanos Libres Unidos (Cilus)


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